SUEÑO
OSCURO
(Darling
Suarez)
El día todo transcurrió como solía ser, hasta llegada la hora
de descansar, el cansancio me venció, mis parpados se cerraron
involuntariamente desvaneciéndome en la oscuridad:
Me encontraba caminando junto a mis padres y hermano mayor,
cada uno sumido en sus pensamientos en un sendero que me era imposible
reconocer, a ambos lados crecían arboles de porte de un edificio de cuatro
pisos y el camino era hecho de grava que aportaba de un color gris claro al
lugar, el tiempo se pasaba muy deprisa y no sabía ni la hora ni la fecha en la
que me encontraba, en un abrir y cerrar de ojos ya había anochecido, la luna se
encontraba en su punto y la penumbra reinaba.
De un momento a otro apareció delante de nosotros una figura,
parecía un hombre, pero al momento de acercarnos se movió a una velocidad
impresionante y se ubicó a nuestras espaldas, entonces nos volvimos:
-Oh, mi Dios – susurro mi madre más para sí misma que para
los demás, aquel ser que teníamos al frente tenía la postura de hombre, pero, su
piel relucía debido a que se encontraba cubierta de escamas como la de un pez,
los dedos de las manos se extendían hacia donde nos ubicábamos, su rostro era
de un tono verdoso con piel como la de un anfibio, no sabía que pensar, ya nada
tenía sentido.
De la nada se abalanzo a nosotros con una rapidez
sobrenatural y de un segundo a otro todos habían desaparecido e incluso el
lugar.
En ese momento me encontraba en el patio trasero de mi casa
(hogar de bloque, de dos pisos) , y, aquella criatura se cernía sobre mí,
tratando de morderme, lo empuje con la fuerza que tenía y lo lance a un lado
por donde rodo sobre el polvo, se movió muy deprisa nuevamente en mi dirección,
pero esta vez logre evadirlo agarrando lo más cercano que tenía: un cuchillo (
específicamente un machete “ Termino montubio”) , al intentar atraparme por
tercera vez se lo introduje en su pecho, broto de el un líquido color
escarlata, lo solté y cerré mis parpados intensamente, cuando los volví a abrir
lo que yacía ante mí ya no era un monstruo: era una persona, era mi hermano y
yo lo había matado, en ese instante me percate que ya no me encontraba en mi
patio, sino un lugar que yo conocía a la perfección: el cementerio de pueblo.
Sera que me estoy volviendo loco, eso era lo último que quería
pensar.
Me desperté sobresaltado y jadeando, sudor frio corriendo por
mi frente, con la respiración entrecortada y mi corazón latiendo a mil por
cien.
Entendí al rato que había sufrido una pesadilla porque
reconocí al instante el dulce y feo aroma de mi colchón, el acogedor ambiente y
observaba rayos de luz de luna filtrándose por las rejillas de mi ventana. Era
mi habitación.